Es casi imposible viajar a algún lugar de la Argentina sin antes escuchar la frase: “traé alfajores”. Esta delicia en dos tapas tiene su historia y su receta característica, según la provincia de dónde sea oriundo. Conozca los secretos del regalo más popular y pedido por toda la familia.

Cordobeses, salteños, santafesinos y los tradicionales alfajores de Mar del Plata; con dulce de leche, bañados con chocolate, azucarados y de membrillo. Familiares y amigos esperan ansiosos la vuelta de quienes se tomaron unas vacaciones para degustar el clásico souvenir, en todas sus variedades. Es una golosina muy común en Argentina, pero sus orígenes se remontan al año 711 aproximadamente, cuando los árabes ocuparon el territorio de lo que actualmente es Andalucía. Entre los dulces que ellos consumían, se encontraba el “Al-hajú”, que hoy conocemos como alfajor.

Una historia en tapas

A mediados del siglo XIX, inmigrantes de la Córdoba española llegaron a la Argentina. En ciertos reductos religiosos, preparaban recetas árabes, entre las que se encontraban bizcochos cuadrados unidos por un dulce a base de leche y azúcar, con una cobertura de azúcar denominada “tableta”, “cobertura” o simplemente “bañado”.

La industrialización del alfajor se debe a Augusto Chammás, un químico francés que inauguró una pequeña industria familiar en Córdoba dedicada a la confección de dulces y confituras. El cambio no fue mayor, pero sí fundamental: en lugar de ser cuadrado, adoptó forma redonda.

En 1851, en Santa Fé capital, un comerciante llamado Hermenegildo Zubiría, al que se apodaba “Merengo”, vendía golosinas que él mismo fabricaba. En 1853, cuando los representantes de las provincias se reunieron para redactar la Constitución Nacional, regresaron a sus hogares con los alfajores fabricados por Merengo como recuerdo.

Muchos años después, en 1948, un griego crea uno de los alfajores más populares del país: los Havanna, típicos de Mar del Plata.

Cada provincia, un alfajor

Las regiones argentinas más típicas para degustar alfajores son Córdoba, Santa Fé, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y la costa bonaerense, principalmente la ciudad de Mar del Plata.

El alfajor cordobés está relleno de dulces de fruta, y el de membrillo es uno de los más tradicionales, aunque también lo hacen con dulce de leche. Es liviano, con poco o nada de chocolate y mayoritariamente glaseado.

El santafesino es tipo rogel, con la masa a base de levadura de pan, manteca y muchas yemas, son tres galletas formadas por hojaldre, relleno de abundante dulce de leche y glaseados con azúcar. El triple más famoso de Santa Fé es el Merengo, que comenzó con aquel señor que vendía golosinas en 1851.

En Tucumán, las tapas están hechas a base de galletitas crocantes y rellenas con miel de caña; mientras que en Salta, la masa es seca perfumada con anís, con discos superpuestos rellenos con dulce de turrón y cubiertos con merengue. Los alfajores santiagueños son muy similares, la masa lleva como ingredientes alcohol y anís en grano, están rellenos con dulce de leche espeso y glaseados con azúcar.

En la costa argentina, los alfajores clásicos son los bañados en chocolate y rellenos con dulce de leche. La mayoría son fabricados y comercializados por PyMEs locales, pero existen ejemplos más populares, como las tradicionales casas de Havanna y Balcarce, que tienen presencia nacional e incluso internacional. Ofrecen variedades de sabores y rellenos, galletitas bañadas, chocolate y bombones.

Cada lugar turístico encanta a sus visitantes con los clásicos manjares de dos tapas. El alfajor no puede faltar entre los souvenirs de un viaje, porque siempre es una buena oportunidad para compartir algo dulce con la familia y los amigos.

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