En sus múltiples variantes, este brebaje mágico milenario a base de agua, cebada, lúpulo y levadura se convierte en la excusa perfecta para el encuentro entre amigos y el disfrute colectivo. Un lenguaje universal al que muchos lograron impregnar el sello de lo artesanal.

 

Invitar con un vaso de cerveza es mucho más que eso. Significa amistad, complicidad, ganas de compartir buenos momentos. Es que esta bebida fermentada es una de las más antiguas de la humanidad y ha logrado mantener su simbolismo intacto, tras conquistar seguidores en cada rincón del planeta, ya sea con su clásico sabor o bien con la gran cantidad de variedades que surgen de la experimentación.

 

Nace una estrella

Entre historias y leyendas es donde se ubica el origen de la cerveza. Las del antiguo Egipto lo atribuyen a Osiris, dios de la agricultura, que enseñó a los mortales la técnica para la fermentación de varias raíces, fenómeno concebido como un acto divino con fuerte carácter mágico.

Lo cierto es que si bien existen diversas crónicas acerca de su nacimiento, la gran mayoría coincide en hablar de un origen paralelo con el pan de cebada, un crecimiento en la Edad Media con la utilización del lúpulo y un desarrollo a gran escala con la revolución industrial.

Sin embargo, la tendencia de lograr una fabricación sin químicos, con “sello propio” es cada vez más solicitada por los consumidores que buscan deleitarse con sabores únicos y diferenciales.

 

Variedades por doquier

Sin dudas, la cerveza artesanal es un arte. Cada maestro cervecero cultiva y desarrolla, según sus gustos, herramientas y posibilidades. De esta manera, los diferentes estilos dependen del método de fermentación, del área geográfica y del suelo del que se obtiene el agua, uno de los ingredientes principales, como así también los lúpulos y cepas de levaduras específicos de cada región.

Para empezar, la más grande división se da por la temperatura en que se fermenta la levadura. Por un lado, el estilo “Ale” se caracteriza por tratarse de cervezas de alta fermentación (en caliente), del que se obtiene un producto con un aroma y paladar afrutados sumado a un sabor complejo.

Mientras que el estilo “Lager”, el más utilizado en todo el mundo, define a la cerveza fermentada con una levadura que trabaja a bajas temperaturas, lo que provoca una maduración más larga, con sabores suaves, con carácter refrescante y espumoso.

Dentro de estas dos grandes familias existen subtipos y diversidad en el color (rubia, roja o negra), graduación alcohólica, cuerpo y grado de amargor, de acuerdo a la combinación de la materia prima utilizada para su elaboración.

 

Recorrido cervecero

Además de las cinco marcas líderes que se producen localmente (Quilmes, Brahma, Isenbeck, Heineken y Budweiser), en nuestro país existen varios circuitos donde se puede degustar la cerveza artesanal. Uno de los más importantes, con larga tradición en la región, es la ciudad andina de El Bolsón, Rio Negro, que se destaca por comercializar cerveza en barril sin pasteurizar con un sistema de cadena de frío que permite conservar el sabor intacto, tal como si se estuviera bebiendo en el bar de la propia maltería donde se fabrica.

Bariloche tampoco escapa a la tendencia. Bajo la influencia de inmigrantes europeos provenientes de Suiza, Alemania e Italia, es un polo turístico que concentra varias microcervecerías artesanales y cerveceros caseros conocidos como “homebrewers”, que focalizan su producción en el consumo personal.

Año tras año,  el “Oktober Fest” de Villa General Belgrano,  provincia de Córdoba, se convierte en el paraíso para los amantes de la cerveza, quienes se deleitan con las de tipo artesanal o bien con diferentes marcas nacionales e internacionales.  Se celebra desde la década del ´60 y se desarrolla durante el primer y segundo fin de semana de octubre, en conmemoración a la cosecha de la cebada en Alemania.

Por su parte, en Buenos Aires abundan los brewpubs que además de elaborar sus productos, dictan cursos, hacen degustaciones y brindan una extensa carta de comidas. La cerveza Antares ya se convirtió en un clásico: originaria de Mar del Plata pero con presencia en Tandil, Pinamar, Necochea, La Plata y el barrio porteño de Palermo, entre otros, sus locales proponen un ambiente por demás acogedor, música de calidad y un menú que acompaña armoniosamente los sabores de las cervezas que se ofrecen al público.

En Escobar, a unos 50 km de la ciudad de Buenos Aires y en un predio de casi 2 hectáreas, se ubica el complejo cervecero artesanal BarbaRoja, que desde 2001 ofrece sus variedades de cerveza en el marco de un paseo entretenido y didáctico, con restaurante, tienda de merchandising y cabañas para pasar el fin de semana.

Stout, India Pale Ale, Dorada Pampera, Irish Red, Bock y Porter son algunos de los estilos más frecuentes entre las 200 marcas de cervezas artesanales de la Argentina, distribuidas principalmente en las provincias de Río Negro, Córdoba, Buenos Aires, Mendoza, Tucumán y Santa Fe, cada una definida por su cultura, su gente, por su clima y forma de beber.

Como toda tradición, la cerveza es una bebida cuyo origen se remonta a la historia pasada, pero que alcanza el presente con una condición que la vuelve sumamente efectiva: tomarla en compañía de buenos amigos y por supuesto, bien fría.

 

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