Al recorrer nuestro país, en todos los destinos se agasaja al turista con empanadas. Las salteñas y las tucumanas son las más famosas, pero cada provincia tiene su propia receta, que invita a la degustación de variados sabores.

Son una de las comidas más elegidas por los argentinos y cualquier excusa es buena para degustarlas: fiestas patrias, eventos y agasajos familiares las tienen como protagonistas. Hay de vigilia, de carne, de pollo y miles de sabores originales. Las empanadas se convirtieron en una delicia tradicional que representa al país, incluso en el exterior, como ocurre con el asado o el dulce de leche.

No se puede hablar con exactitud sobre su origen, pero se dice que llegaron a España desde el mundo árabe, en las alforjas de los invasores moros. Los árabes las preparaban con carne de cordero y trigo. Estos “pasteles”, muy similares a las empanadas que conocemos en la actualidad, se llamaban “esfiha” y “fatay”.

Al país fueron traídas por los conquistadores españoles luego del descubrimiento de América, y adoptaron distintas variantes dependiendo de los productos y condimentos utilizados en cada región.

Hay empanadas para todos los gustos y en cada rincón de la geografía nacional se preparan de una forma distinta: con pasas de uva, aceitunas o papa, al horno o fritas, de copetín o más grandes.

Cada provincia, una empanada

El mapa argentino ofrece una paleta de sabores con múltiples recetas regionales y la manera en que se prepara esta exquisita comida también depende de los límites interprovinciales. Los amantes de la cocina deberán tener en cuenta este detalle de ingredientes y formas de cocción que hacen de cada empanada, una delicia única.

Las salteñas son unas de las más reconocidas entre los amantes de la comida tradicional. Llevan papa, cebolla de verdeo y morrón; son pequeñitas y el relleno, con carne cortada a cuchillo preferentemente, es húmedo y a base de grasa de pella. La cantidad por persona ronda la media docena, ya que es imposible parar de comerlas.

Similares son las empanadas de Catamarca, cuya preparación se hace calentando un poco de grasa en una olla, agregando la carne cortada en pequeños trozos, luego cebolla y, cuando la carne está blanda, papas, huevos duros y picante. Lo mismo ocurre con las jujeñas y santiagueñas que, en lugar de la papa, llevan arvejas como ingrediente característico.

Otra empanada estrella es la oriunda de Tucumán, que se prepara con abundantes condimentos: comino, ají molido, pimentón dulce y pimienta blanca. Se dice que deben comerse “con las piernas abiertas”, al igual que las empanadas riojanas, que son tan jugosas que chorrean. El truco de ambas reside en utilizar cortes de vaca jugosos como el cuadril. La receta, muy similar a la tucumana, combina grasa de pella con la carne y agrega papa.

Entre Ríos es la única provincia que incorpora el clavo de olor, canela y ciruela al relleno estándar de cebolla, carne picada y aceitunas cortadas en láminas. Se espolvorean con azúcar impalpable antes de entrar al horno para que se caramelicen y son las más agridulces del país.

Finalmente, las empanadas patagónicas se diferencian porque su ingrediente principal es el cordero, aunque también los pescados y mariscos. Llevan cebolla de verdeo, morrón, ají molido y pimentón. Son muy jugosas y cada provincia del sur argentino reinventa su propia receta a la hora de la preparación.

Así como el locro o el asado, la empanada es uno de los típicos platos argentinos. Siempre es un buen momento para degustarlas ya sea como entrada o plato principal. En cualquiera de sus múltiples variantes y sabores son una opción tan tradicional como deliciosa. A disfrutar y… ¡buen provecho!

Cambio de Aire

Cambio de Aire

Turismo y Tendencias

Dejar un comentario